Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve
Es verdad que en Venezuela hay una severa crisis humanitaria. Pero creo que nunca hubo tantos negocios como ahora. Si uno pasea en coche por la autopista del Este, a la altura del Hotel Tamanaco, podrá constatar la vasta profusión de publicidad exterior: desde licores, hasta cirujanos plásticos, pasando por marroquinería de lujo hasta llegar a TV por suscripción. Hay una Venezuela que muere de mengua en los hospitales, y otra que se sigue dando la gran vida.
Los precios del barril de petróleo cayeron a mínimos históricos, hasta rozar los 20 dólares, pero luego ha habido cierto repunte, y un experto como Francisco Monaldi se atreve a vaticinar que en la próxima década habrá un despertar de los precios del crudo, tal vez no tan faraónico como el que manejó Hugo Chávez, pero es mentira que el petróleo se derrumbó para siempre. Monaldi ha publicado en la prensa especializada lo que él cree que hay que hacer con Pdvsa.
De su lado, otro curtido analista petrolero, José Toro Hardy, ha garantizado que si hay una transición democrática la recuperación de Venezuela puede ser relativamente rápida. Parece que lo crucial es la voluntad política. El resto no es que sea pan comido, pero tenemos suficiente como para levantar a Venezuela del estado de total postración en el que se encuentra. Nunca fuimos Suiza, y acaso nunca lo seremos, pero no todo está perdido.
Ahora bien, el sociólogo Luis Pedro España, quien timoneó por años el Proyecto Pobreza de la UCAB, ya lo ha dicho sin pelos en la lengua: Venezuela está partida en dos mitades. Una que vive muy mal, y otra que vive muy bien. Mientras algunos hurgan en la basura en busca de restos de comida para llevarse algo a la boca, uno puede ver un viernes cualquiera en una dependencia de licores, cómo hay gente que saca en un tarjetazo varias latas de caviar y un par botellas de ron caro.
Sigue habiendo muchos negocios. Lo que sucede es que los players ahora son otros. Sigue habiendo mucha publicidad, lo que sucede es que ahora los anunciantes son otros, y la calidad de las piezas ha caído dramáticamente. No lo digo yo. Lo ha dicho a la prensa local el legendario Roberto “Bobby” Coimbra. Sin embargo, hay nuevas formas de BTL, y la ciudad trata de reinventarse con cosas como los food trucks, o Cine Jardín, en El Paraíso.
Doing Business, un informe anual de los expertos del Banco Mundial, que rankea a los países según sus facilidades para hacer negocios, en su edición 2018 coloca a Venezuela en el puesto 188, de 190 países monitoreados, apenas por encima de Eritrea y Somalia, que está en el último lugar. Por encima de Venezuela, figuran South Sudan y Yemen. Es decir, parece que si quitamos a Alí Babá y los 40 ladrones, todo lo demás es crisis humanitaria y friganismo.
Pero sin duda hay una Venezuela que sigue viendo lujo y confort. Si uno da un paseo rápido por el CCCT puede ver cómo todavía hay encantadores cafés, que venden la Solera Polar a precio de dólar libre, y los deditos de mozarela cuestan lo que un ojito de la cara. Es mentira que no hay dinero circulando en la economía. Por otro lado, desde el Country Club hasta Altamira hay pujantes emprendimientos inmobiliarios, porque alguien dijo “el show debe continuar”. Es así.
Es verdad que en Venezuela hay una severa crisis humanitaria. Pero creo que nunca hubo tantos negocios como ahora. Si uno pasea en coche por la autopista del Este, a la altura del Hotel Tamanaco, podrá constatar la vasta profusión de publicidad exterior: desde licores, hasta cirujanos plásticos, pasando por marroquinería de lujo hasta llegar a TV por suscripción. Hay una Venezuela que muere de mengua en los hospitales, y otra que se sigue dando la gran vida.
Los precios del barril de petróleo cayeron a mínimos históricos, hasta rozar los 20 dólares, pero luego ha habido cierto repunte, y un experto como Francisco Monaldi se atreve a vaticinar que en la próxima década habrá un despertar de los precios del crudo, tal vez no tan faraónico como el que manejó Hugo Chávez, pero es mentira que el petróleo se derrumbó para siempre. Monaldi ha publicado en la prensa especializada lo que él cree que hay que hacer con Pdvsa.
De su lado, otro curtido analista petrolero, José Toro Hardy, ha garantizado que si hay una transición democrática la recuperación de Venezuela puede ser relativamente rápida. Parece que lo crucial es la voluntad política. El resto no es que sea pan comido, pero tenemos suficiente como para levantar a Venezuela del estado de total postración en el que se encuentra. Nunca fuimos Suiza, y acaso nunca lo seremos, pero no todo está perdido.
Ahora bien, el sociólogo Luis Pedro España, quien timoneó por años el Proyecto Pobreza de la UCAB, ya lo ha dicho sin pelos en la lengua: Venezuela está partida en dos mitades. Una que vive muy mal, y otra que vive muy bien. Mientras algunos hurgan en la basura en busca de restos de comida para llevarse algo a la boca, uno puede ver un viernes cualquiera en una dependencia de licores, cómo hay gente que saca en un tarjetazo varias latas de caviar y un par botellas de ron caro.
Sigue habiendo muchos negocios. Lo que sucede es que los players ahora son otros. Sigue habiendo mucha publicidad, lo que sucede es que ahora los anunciantes son otros, y la calidad de las piezas ha caído dramáticamente. No lo digo yo. Lo ha dicho a la prensa local el legendario Roberto “Bobby” Coimbra. Sin embargo, hay nuevas formas de BTL, y la ciudad trata de reinventarse con cosas como los food trucks, o Cine Jardín, en El Paraíso.
Doing Business, un informe anual de los expertos del Banco Mundial, que rankea a los países según sus facilidades para hacer negocios, en su edición 2018 coloca a Venezuela en el puesto 188, de 190 países monitoreados, apenas por encima de Eritrea y Somalia, que está en el último lugar. Por encima de Venezuela, figuran South Sudan y Yemen. Es decir, parece que si quitamos a Alí Babá y los 40 ladrones, todo lo demás es crisis humanitaria y friganismo.
Pero sin duda hay una Venezuela que sigue viendo lujo y confort. Si uno da un paseo rápido por el CCCT puede ver cómo todavía hay encantadores cafés, que venden la Solera Polar a precio de dólar libre, y los deditos de mozarela cuestan lo que un ojito de la cara. Es mentira que no hay dinero circulando en la economía. Por otro lado, desde el Country Club hasta Altamira hay pujantes emprendimientos inmobiliarios, porque alguien dijo “el show debe continuar”. Es así.

donde hay perdedores siempre encontraras un ganador, es ese quien disfruta lo que el resto ha perdido, pero la tortilla se vuelve, porque nada es eterno y otro ganador lo reemplazara, haciendo del ganador anterior un derrotado más.
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